CHURROS CON CHOCOLATE

geometria 03

-¿Sabes qué? Ya no vamos a venir aquí. Está carísimo. Qué se creen. Ahora viene puro gringo. Lo peor es que “El Moro” está igual o más caro.

-Qué tiene. Total, venimos cada Corpus y San Juan, manita.

-Pues tú invitas, por esporádica y solventa. Ándale. Yo quiero un francés con 6 churritos.

La Cuya Macoy y su comadre, instaladísimas a las 3 de la mañana en una de las fondas más tradicionales de la ciudad. No por la hora menos concurrida que si fuera el mediodía. Aunque ellas eran algo estrambóticas en su apariencia, tampoco llamaban especialmente la atención de los parroquianos, donde había lo mismo cámaras fotográficas con su japonés correspondiente atrás de la lente, mariachis de pies hinchados, gringos siempre perplejos o ebrios de tequila, piquetes de putas de Garibaldi, parranderetes de clase media y clase y media de parranderetes.

La Cuya Macoy llegó de veintitantos al país. Cuando toleraba el sol y salía, era un muchacho de físico hermoso, masculino y étnicamente indefinible. Estatura media, cabeza redonda, con la piel de  la cara azulada por la barba cerrada, siempre rasurada al ras, cuello ligeramente robusto, hombros anchos y cintura breve. Muslos y gemelos de bailarín o atleta.

Tacones

Vino con una improbable compañía de vodevil italiano. Fue la bataclana que encabezaba alegrísimos bailes con el nombre de La Matozza. Por supuesto, el eje de la atracción no eran ni la coreografía salvaje, ni los cantos de cisne post mortem, sino el hecho de que debajo de los olanes de las faldas todas tenían bolas y pito.

En aquéllas eras, su arribo había sacudido el mundo sin sol de la vida subterránea citadina. Enorme tiempo y empeño mariconil habría de transcurrir antes de que las dragas fueran fauna conocida y casi tradicional de apacibles submundos “gay”. Ah, no. A ella le tocó el tiempo heroico. Bailoteaban danzas mezcladas de aires apaches con tarantela y, por supuesto, cancán. Su público eufórico era un cóctel igualmente sui géneris de estudiantes pobres, politicazos corruptos, militares condecorados de la Madre Revolución, artistas en ciernes y encumbrados, putas en descanso y trabajando, inmigrantes provincianos, pero ante todo mucho, pero mucho macho.

Entre el alcohol y la atmósfera permisiva y cómplice, la norma era que aquéllos heteros metían manos voraces entre los muslos de las falsas damas. Desahogos de fantasías y realidades mariconas mucho tiempo reprimidas. Pero para ellas no todo eran risas. Había infinidad de fronteras sutiles que marcaban tolerancias y peligros. Generalmente debían navegar con bandera eternamente amnésica. Fingir no reconocer a ninguno de los habituales manoseadores y concurrentes. Pero saber ser accesibles. Por supuesto, fueron muchas, muchísimas las funciones que para ellas terminaban en alegres apareamientos con su respetable público, y que les granjearon varias veces favores y protección.

Okun celeste

Bueno, pues a lo largo de su larga trayectoria, había pasado de pionera bataclana travesti, a activista cuando, en medio de una gresca estudiantil, quedó atrapada entre la policía y los huelguistas. Iba con otras tres locas y fueron a parar detenidas, moreteadas y absolutamente desgreñadas, a los infames separos policiacos, donde constituyeron no sólo la atracción y foco de las burlas, sino también de agresión por parte de cualquiera de los bandos. Pero la Cuya Macoy (decía ella) “tenía lo puto en el culo, no en las manos”. Les partió el hocico a dos o tres camaradas estudiantes. Nada más salir, la prensa amarillista estaba presta. Y la Cuya Macoy con su vestido roto, se levantó tronante con declaraciones sublimes y encabronadas. En el naciente destape mexicano, las maldiciones y exabruptos (post resaca, post coital y post golpiza) de la Cuya, la catapultaron a la palestra política. Gracias a que fue, junto con otras valientes argüenderas, el blanco de críticas y ataques, fue cuajando un “movimiento” que culminó (maricas teníamos que ser) en una salida social jotísima del clóset, la primera, segunda y vigésima marcha del Orgullo Gay.

En los últimos tiempos, ya sin cólera, se estaba dedicando a revolotear por un Centro de Estudios sobre las Sexualidades. Propias y ajenas.

Y así la agarró el chocolate con churros. Allí llegué buscando unas pringas o bocados  que me quitaran de golpe la hipoglucemia de muchas horas de estar solo. Se me quedaron viendo sonrientes. Porque llegué con mi pijama debajo de mis jeans y un suéter eterno de rombitos, como de los años 50. Mis cabellos hirsutamente revueltos no lograban esconderse bajo el gorrito boliviano o peruano con orejeras. Me hicieron “ven” con la cabeza, y ahí voy.

-Hola Cuya.

No se sorprendió, lo conocía más gente de la que podía ponerse a pensar. Últimamente por las campañas para promover el uso de condones a destajo, con una fotito del Santo Papa.

-Oye, pero qué mafufo te ves, nene. Cuéntame por qué andas en pijama en mi presencia. ¡Ja, ja, ja, ja!

-Está calientita, me ahorra tiempo no quitármela y siempre he sido muy wevón.

Los años le habían dejado nada más que glorias. Erguido, derecho, la piel sin arrugas con excepción de los ángulos de los ojos donde las “patas de gallo” no paraban de reírse. Manotas, brazos elásticos. Canas elegantes. Estaba muy guapo la cabrona.

-¿Y ustedes, qué andan haciendo, además de llenar el tanque?

-Pues nos dieron las madrugadas en el Internet del Ángel, ¿tú crees?

Dijo la comadre de la Cuya.

-Es que ésta loca ahora es investigadora y no sabes. Me dan ganas de conectarle las meninges a la inalámbrica. Que se pasa hoooras pegada. Y como está en pleno aprendizaje cibernético la muyirts, pues ahí estoy yo, su secre la señorita Boba Licona, en chinga enseñándole. ¡Jo, jo, jo!

La comadre en cuestión tendría unos veintiúltimos a treinta y primeros años, con un aire de nerd muy bonito, que contradecía su desparpajo. Igual que la Cuya, iba como disfrazado. Traía un pantalón deslavado, verde y pegado. Unas medias botas negras. Camisa blanca con pechera y un saco de pana gris. El pelo súper negro y despeinado sobre la cara, tapándole un ojo. Sombras en los ojos, lentes. La Cuya iba retro. Parecía un profesor universitario de los 70. Pantalón y saco de pana cafés, zapatos de ante café. El saco con coderas y un suéter de cuello alto que le daba un aire existencialista.

-¿Y qué investigas?

-Pues todo, nene. Pero ahorita estoy haciendo un álbum mágico-antropológico-homosexual.

-Enséñale, Cuya. Para que veas cómo no son ideas mías. Si nada más le das vuelta a las cosas. La putería es la putería.

-¡N’hombre! ¡Me roba la idea y no tengo copi-rái, babotsa! ¡Ja, ja, ja! -replicó la Cuya.

Yo comenzaba a masticar con gula un pambazo rojo y gordo, crujiente y bien relleno de papa con chorizo, adobado con crema, lechuga y queso. Le digo “ándale, para pasar el rato, ya te dije que soy wevoncísimo. No te robaría nada, sólo por la flojera de hacerlo”

Tacones altos

-Hummm. ¿Cómo te llamas, nene?

“Alex”, le digo.

-Bueno, pues hace poco que estoy tratando de hacer una taxonomía de los ligues en la red, ya sabrás, sólo chavos. Ahorita estoy en la etapa de la captura de la información. Mi hipótesis es que nosotros ligamos en la red de manera distinta a los bugas y análogamente diferente a como ligamos en vivo versus ellos. En la forma y el contenido. ¿Qué tal?

-¡Ja, ja, ja, jaaa!- se carcajeó Chibigón, la comadre- ¡nocierto! La Cuya acaba de descubrir las páginas de ligues, y se la pasa leyendo perfiles hasta que los párpados ya no le bajan de tan secos, pega gritos y hay que ponerle gotas para que le vuelvan a bajar.

“¿Y qué con eso?” le pregunté al Chibigón.

-Pues que sí metió un proyecto de 4 cuartillas al Centro y le están dando un chequecito cada mes para que esté al día en la putería. ¡Esta sí es súper chingona!

-Humm. Bueno, y qué has encontrado, descubierto o no visto, Cuyis (yo, después del pambacito, estaba confianzudo, faltaba más).

-Te voy a enseñar. Traigo unos perfilitos que bajé. Todavía no los clasifico. Pero deben formar algún patrón para mi taxonomía. Se aceptan comentarios.

Sacó unas hojas de varias calidades y con varios tipos de letras que, supuse, también vendrían de varios tipos de impresoras.

-Amos a ver. Aquí están unos que definitivamente están para una teoría de la erotolingüística basada en la descomposición del idioma. Mi teoría es que los receptores cerebrales de los centros ortográficos se saturan de testosterona y la persona es incapaz de redactar si no es por pulsos análogos a micro orgasmos, jodiendo al idioma.

La Cuya comenzó a leer en voz alta los párrafos subrayados de los perfiles, enfatizando la pronunciación de las palabras con falta de acentos. Algunos de sus comentarios van entre paréntesis, suprimí las carcajadas de la Cuya y el Chibigón.

  • Estoy habierto a todo (¿hasta a regresar a la primaria?)
  • Por favor gorditos y obios los respeto pero no van con migo (pues no, claro, migo no es su amigo, obiamente)
  • Mejor conoceme si te atrevez…
  • Busco conocer perosnas agradables con quien tener una buena sesición de sexo (primero es la sesición donde se convierte a la gente en perosna. Luego viene el sexo)
  • Que honda. No me gusta la gente obvias (lo único obvio aquí es lo jondo que jondas y olé)
  • Abstenganse gorditos y afeminados (y, por supuesto, abstengánse también los acentos)
  • En busca de lo que surga (con que surguiera una jota ya sería ganancia, reina)
  • …sentir el rose de cuerpos (¡gulp!)
  • Busco chavos baroniles no ovbios para sexo. Yamame (baroniles, marquesiles  y yo también, ya-mamé)
  • Me caga que me cagen (pues como vas, va para larga la cajada)
  • Profecionista limpio y educado, repondo a todos menos mala ona. (Aquí la Cuya sólo se puso morada)
  • Me gusta mucho chupar los pesones (si los pesones son los grandes pesos, ha de ser de signo libra, además de teta caída)
  • En busca de un chico para rol sumio. (Es como el rol sumo de los japoneses, pero en vez de luchar, se deja pegar)
  • Mi mayor defeto es ablar direto y ser mur tierno… (no, papito, tu mayor defeto es haber pasado la escuela de noche)
  • Soy un chico muy alivando (…) sólo jente sin royos no mensoso y problematicos (¡Ay, no puedo más! yo necesito uno alviando-me el dolor de la risa)
  • Quiero un hombre de verdada. Ofresco pasar un rato chidoy. También vendo una yegua azteca (¡gaaasp!)
  • Buen cuerpo, internalgon sexo a tope. (Así como los internacionales, ahora los internalgones)

-¡Qué mala leche, Cuya! –le dije con cachetes de hámster- no me parece que burlarte de cómo escriben en los perfiles tenga ni algo de original ni muy digno que digamos. Se me hace devaluador y presuntuoso. Y que cobres, peor. Chomp, chomp (masticando mi pambazo).

Se le terminó la risa en seco. Abrió mucho los ojos. Luego comenzó una ronda de tos sorprendida.

Internet

-¡Pero qué cabroncete! –dijo el Chibigón- ¡no mames!

-No, Chibis. Tiene razón el Alex. Yo misma ando jodiendo con rollos por la jodida discriminación. Bueno, mira. Tómalo como uno de mis ratos malos. Una diversión de mi lado oscuro, ¿ok?

-Entonces ¿no hay investigación para nada? –le pregunté, más chomp, chomp.

-Sí, sí hay. Tengo muchos perfiles en los que primero me llama la atención el nick, el sobrenombre. Según uno de los chavos del Centro, sicólogo, dice mucho de la persona que está atrás de él y sobre la fantasía que tiene de sí mismo. Hay muchos muy bonitos:

 

 

 

  

 

 

  • soloymisoledad
  • chicofeo
  • lobitopolux
  • dragolibro
  • trucutu
  • sinparaiso
  • tremoris
  • hijomalo

que contrastan con los más o menos típicos y esperables en ésas páginas como: crazysex, mamador84, superpolla, pitoloco, supersperm, etcétera.

-Sigue –lo animé interesado.

-Pues luego ya viene el contenido del perfil. Y en el Centro me van a ayudar a analizar qué hay de interesante con cada componente. Y si hay o se puede hacer una teoría sociológica de los perfiles y los sobrenombres en la comunidad gay.

-Pues eso sí se oye mucho más coherente e interesante. ¿Y cómo qué perfiles sí estarían tomando en serio? –le pregunté.

-¡Uy! No tienes idea, nene. Sólo te voy a compartir uno, como ejemplo. Es una joya. En serio. Ojalá que pueda publicarlo sin enfurecer al que lo hizo, ya sabes por derechos de autor, ¿no? Mira:

MI ARMA MASCULINA BUSCA FUNDA !!!

Monto como un Jinete

afanosas y redondas Nalgas

incrustando cual águila hambrienta

mi clavo que lentamente se hunde

cavando el surco prometido

y rompiendo al ras tu horizonte …

 

A galope triunfal mi tronco se columpia

en el dulce fondo que lo ciñe sin decoro

y mece su forma orgulloso …

 

Susurrando se mueve la ceñida palma

entre tus mollas que se estremecen agitadas

embriagadas por dura carne …

 

El peregrino cruza tu mar a oleadas

hasta que brota un río austero

que en tu profundidad se esfuma

en blanca y fulgurante nota

quemando el incienso de tu pecho

mientras tus reclamos llegan hasta el cielo

en amorosas y placenteras quejas

 

-¡Hijo de la madre! –dije en voz muy alta y absolutamente anonadado.

-Calidades literarias aparte, es toda una sorpresa de inventiva, que alguien se divierta tan de lo lindo en un sitio donde habitualmente los mensajes son telegráficos. No se aparta del objetivo del sexo, pero es absolutamente lúdico para los que sepan valorarlo y, quizás, adivinar que, si así es el caminito, ¡pues cómo será el pueblito! ¡Ja, ja, ja, ja! –dijo la Cuya.

Después de eso, la cháchara fue derivando a otras cosas, yo todavía me receté un café con leche como corolario a los pambazos. Salimos los tres a las calles empedradas de ésa zona del Centro Histórico. Había llovido. Mi pijama estaba simplemente deliciosa. Caminamos hasta el Eje Central (que yo conocí como San Juan de Letrán), donde yo me separé hacia la Gaticueva.

Días más tarde, recordé el encuentro cuando navegaba por la página de marras. Me puse entonces a pensar qué me gustaría pescar a mí de los perfiles.

Vi muchos que cumplirían, creo, con los criterios de selección de la Cuya Macoy. Pero, a diferencia de aquél que me compartió, yo me quedé con una gran sonrisa cuando me encontré éstos, breves, traviesos, inteligentes:

  • I too can command the wind, sir!
  • Come to the dark side…. We have cookies in here!!!!
  • “Ninguna eternidad como la mia”

 

Y ya. ¿La teoría? No creo que exista alguna. Sólo anzuelos con carnadas de historia, para pescar otras historias…

 

 Christopher Reynolds5

ALEC

TOCATA PARA UN AMOR EN FUGA Y SIN FUTURO

audiToccata per un amore senza futuro

Al caminar, mis pasos hacían un ruido característico, que había escuchado innumerables veces en tantas películas y programas de tevé. Era el sonido de mis zapatos sobre la gravilla de la cuneta en el camino de terracería. El viento era cálido, pero presagiaba frío. El atardecer le ponía destellos dorados a la silueta de la vegetación del gran chaparral. Mezquites, garambullos, arbustos espinosos. Dejé el carro cerrado sin seguro. Caminé y caminé en ascenso entre una complicada concurrencia de piedras, cactus y espinos. Di la vuelta en donde terminaba el terreno y llegué a los riscos. Escarpados, desde su orilla podía verse el espectáculo impresionante de los valles que precedían el inicio de la serranía. Estaba en las Cuevas de los Cristales. Aunque decía la gente de las Casas Viejas que allí abundaban esqueletos de niños, remanentes de ritos diabólicos fuera de la imaginación, lo único que encontré fueron una tortuga, un par de correcaminos curiosos y un poco enojados por la intrusión, así como muchas, muchísimas cacas de zorra por todos lados.

EdFreemanLa altura inmensa le restaba transparencia a la perspectiva de los valles. Hacía la vista un tanto brumosa. Como una acuarela impresionista. Abajo había muchos pedacitos de tonos de verde, como en una colcha hecha por una abuela cósmica, a lo lejos incluso podían verse cómo las nubes nacían y arropaban los pies de las montañas.

Me acerqué a descansar bajo un mezquite. Por su corteza caminaban algunas tantarrias. Recordé cómo los otomíes de las Casas Viejas las asaban. Olían y sabían a cacahuate, pero con un toque de ahumado. Y me puse a pensar en cuántas vidas habían costado aquél viaje.

La mía, bueno, pedacitos de la mía. Jirones de las creencias, imaginación, anhelos y prejuicios, que habían tejido la telaraña en la que alegremente me mecía. También podría sumar las partes de vida destruida de él, Brav, mi ex amante y compañero, si las conociera.

Menos subliminales, las manchitas en el parabrisas y los restos en el radiador del carro también reclamaban el recuerdo de los insectos que se habían atravesado al paso de mi carro. Patitas, alas, sangre verde. Qué horror.

Bueno, ya estaba. Tlalticpac tiquichtin tiez. La tierra será como sean los hombres, en el arcano idioma azteca (o náhuatl, la lengua de sonido claro y agradable). KrayelArtStudio

Y la tierra de nuestro amor había sido devastada por nueve plagas de oro fundido como lava, huracanes de veneno etéreo que nos quitaron aquél aliento que sólo se transmite habitualmente a través del beso.

Y ahora regresaba a Casas Viejas, a las Cuevas de los Cristales buscando mi memoria, como el primer rito necesario para que no se me fuera el fantasma del que he sido, e iniciar el contacto interno que me pusiera en el camino hacia la paz. Hoy venía en busca de la magia.

Separé con cuidado quirúrgico las ramas altas de chiquiñá entretejido que encortinaba con espinas la entrada debida. Mis manos, no obstante, se hirieron y sangraron en varios puntitos. Pasé y descendí por galerías subterráneas, llenas de estalactitas y estalagmitas cristalinas que emitían muchos tonos de sonidos cuando ráfagas aéreas tanto de arriba como de abajo pasaban incansablemente entre ellas, hasta que llegué a la gruta donde uno sueña a Huehuetéotl, el Viejo. Cerré los ojos, para buscar mi sitio. Me senté, saqué de mi mochila, con un cuidado que podría denotar lo mismo terror que ternura, a un “Tío”. El hermano secreto de Dios. Cuyo nombre, tampoco se pronuncia, según el pueblo huichol. Prendí el fuego, quemé copal. También desgajé las naranjas necesarias. E inicié el rito. Iba colocando pedacitos de la carne vegetal de “El Tío” conjugada con naranja en mi boca. La comunión secreta que abría las puertas mentales a otra esfera se hizo. Cerré los ojos y lo vi todo.

MarkSherwood

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Me vi a mi mismo visitando Cuemanco, el gran mercado de flores y plantas, parte de Xochimilco, “el pueblo de las flores”, que, como una Venecia prehispánica, aún luchaba por retener su delta de canales entre las chinampas o islas característicamente sujetas de las raíces palustres de los árboles ahuejotes. Andaba yo alegre, buscando helechos y belenes. Patas de conejo, cuerno de alce, maquique, eran algunos de los colores fanerógamos que me iban encendiendo los ojos y el contento. Sabía cuáles necesitaban luz indirecta, cuáles penumbra o cuáles incluso un poco de luz diurna. Y recordé. Que todo aquello lo había aprendido a su lado. Mi ex amante cuyo nombre mismo significa “el agricultor”. A poco más de seis meses de  haber huido de su lado. Con varios lustros de equipaje en la médula y los sueños.

Pocas cosas lo seducían, lo seducen, tanto, como las plantas. En sus manos hay cuidados que, como pases mágicos, florecen las semillas y crecen los tallos y las hojas. Shulamis pasaba y, al verlo en la terraza entre innumerables macetas, macetitas, macetotas, sonreía y le decía “¡Hola! ¿Jugando con tierrita? ¡Qué bueno!” Y él, hincado entre su manta vegetal reía. Yo me quejé, “es que es demasiado”; Shulamis me miró con condescendencia “nunca habrá demasiados árboles ni plantas, nunca”. Era  que fue la estación vital de Cuernavaca.

BillTravisCuando los dos íbamos a Cuemanco, yo desesperaba. Impaciente, no veía la hora de terminar las excursiones. Ponía mi carota. Enfurruñado, lo apuraba a que nos largáramos pronto. Y a él no se le llenaba de suficiente clorofila el tiempo.

Ahora yo disfrutaba de aquél país de plantas, solo. Y tantas hojas súbitamente me miraron sorprendidas y nostálgicas. ¿Por qué no pude estar así de alegre junto a él cuando las visitábamos? ¿Por qué no habitó en mí la atracción por ellas cuando ambos íbamos, en par?

¡Ay! ¿Por qué no pude ser yo mismo y hacerlo a él más feliz, entonces? Y lloré sin que mis lágrimas pudieran servirle al más reseco de los cactus.

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Tomé una trajinera conducida por un anciano de la estatura y forma de un niño de unos 10 años. No necesitaba decirle nada. Comenzó a navegar por los canales. Desde las riberas de las chinampas veía multitudes de locales y turistas, comprando plantas de ornato, nos fuimos alejando. Las chinampas más internas iban estando más despobladas. Finalmente, entramos en una zona de chinampas prácticamente sin personas. Isletas entre los canales bordeados de ahuejotes. Un poco de bruma, rocío y frío me decían que era madrugada. El paisaje iba cambiando. Las chinampas se fundieron para dar paso a una ribera continua y los ahuejotes desaparecieron dejándole paso a bosques de apariencia conífera. El olor a oyameles comenzó a tocarlo todo suavemente. El agua apenas hacía ondas al paso de la barca, que se deslizaba silenciosa. Entre la bruma comenzó a perfilarse la silueta de un edificio, y se perfumó de florecitas  rurales y anónimas.

sueno

Llegamos a la entrada de una casona. El canal entraba en la propia puerta. Supe que había llegado a la Casa de las Hortensias, porque había pequeñas budineras navegando con veladoras encendidas, era la Casa Inundada. Tomé mi cuaderno de furias (es decir las culpas) y me dispuse a transbordar.

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Una isla con dosel y cojines finos. Él estaba enfermo, terriblemente. Aún un tanto demacrado. Pero tan guapo. Su delgadez lo había devuelto bruscamente a una juventud sedicente. Cada pedacito de su piel me seguía siendo familiar y querido, pero al mismo tiempo ligeramente lejano como si lo viera desde otro tiempo.JamesW_Johnson

Recordé lo que había ido a hacer a la Casa de las Hortensias, anotando entre balanceos suaves de la barca que iba por las galerías y los cuartos, sorteando las budineras con sus veladoras. Y me acerqué a él, dejando que la luz de todas ellas me fluyeran sólo el sentimiento.

Perdóname, le dije. Por todo lo que hice y lo que faltó, para que tu vida fuera más feliz conmigo. Me abrazó, lloramos, claro. Despacito y quedamente, como seguramente se llora en una iglesia. También santamente, con cariño. Le dejé una cajita de zarzamoras, porque no había cerezas, que son las que él come anualmente. “Aún no sé cómo, eres parte de mi familia, y no quiero que eso cambie”. Hice una pausa y suspiré. “Y no quiero que te mueras”, dije infantilmente.

BillTravis2

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El copal se había extinguido, la naranja sólo había dejado su cáscara como recuerdo de su vida, y en mis manos terminaba de disolverse como arena la sospecha de un cuaderno. Afuera el tiempo había transcurrido sin tiempo. Salí y en el camino me herí algunos arañazos con las espinas. Un viejito estaba sentado en una piedra labrada para servir de poyo. “¿Ya?”, me preguntó. Asentí con la cabeza. “Y me arrepiento ante usted, de todo lo que cometí y lo que omití, para no hacer de la vida de él conmigo una pequeña maravilla, papá”, le dije. El viejito, que parecía un niño de unos 10 años, se levantó, se acercó y puso su rostro frente al mío. No me sorprendió, pero no lo esperaba. Era yo. Y dijimos juntos, “me arrepiento ante mí, y ante mi espíritu”.

Okun

Deshice el camino, dejé la terracería que lleva a Casas Viejas. Conduje a través de la noche. Y presentí que llovería.

… en la cara o en los labios…

LaPartidaHace un poco más de 6 meses que se acabó. Y hoy hubiera sido nuestro aniversario. Más de 3 lustros, casi 4, de ser una pareja gay. Bueno. No sé qué celebro, qué lamento o qué hago.

Animales de costumbres, dicen, somos los hombres. Así es que regreso a los mismos parajes de dólmenes y menhires, donde celebraba el rito de querer quererlo.

En éstos meses he ido transitando de un dolor rabioso, quebrantado e iracundo, ofendido, a un par de pasos hacia la introspección. El costo, mucho. MarkSherwoodPero ya no sólo recuerdo el motivo que (según yo) él me dió para huir del incendio de mi cariño en el desastre que fué para mí su infidelidad. Ahora comienzo a recordarme a mí mismo. A recuperar algunas cadenas de mis errores. También algunos destellos especulares de mis horrores.

Porque comienzo a entender que en las cuentas finales, sólo puedo hacerme cargo de mi parte de responsabilidad en el pacto que ambos teníamos. Si él retozó en otros lados, fué responsabilidad suya. Pero… ¿cuál es la mía y dónde queda?

Y los aciertos, que fueron muchos, no deseo olvidarlos tampoco. Hoy no quiero irme al camino que me toque emprender sin hacer algunas cuentas. El 30 de abril, era nuestro aniversario.

Lo extraño. Pero las uniones extrañas y sutiles que forman la red de presentimientos y sueños entre dos personas que han fundido sus vidas, hoy me dicen que un reencuentro de pareja es imposible. Que la resonancia afectiva que tan bien llegué a escuchar desde la tierra aún existe, pero se dirige a otra dirección. A otros ojos, a otro pecho. A otro…

Bien. Pero ya que vine a reconocer viejas sombras y aromas familiares, dejo una ofrenda de paz.

Hoy declaro que en la fecha que fué nuestro aniversario, decido celebrar. Celebro su vida. Celebro nuestra coincidencia de caminos, aunque terminara. Celebro las noches en que habité sus brazos protectores. Celebro haber escuchado los ritmos cardiacos de su sueño apacible. Celebro llevar grabada su mirada clara. Celebro que sonrió conmigo. Celebro que le regalé el mejor de mis amores capaces a raudales y sin freno. Celebro que, a pesar de la separación, lo amo.

Entre los tumbos recientes de nuestras vidas, celebro que corrimos los riesgos juntos.

Hoy, Brav, simplemente te celebro. “Como la rabia de amar… de la tristeza loca”

Alegría

Fuí a verlo hace unos días. Sólo deseo hacer constar que lo quiero. Que me interesa que su felicidad siga siendo parte de la mía, aunque no seamos más un par. JohnDugdaleQue por él, siempre se me anidará una sonrisa cuando vea que llegan las primeras cerezas. Que por causa suya estaré feliz pensando que cuando yo muera brotaré en mil folios y pétalos como los que el ama y cultiva.

Le pedí perdón. Porque ahora sí tengo integrados la razón y el sentimiento que me descubren que no tengo ningún derecho a juzgarlo si no puedo entenderlo. Y ya.

Ofrezco, pues una tocata breve, para ésta, la fuga que no tiene retorno.

Adiós, Brav, el amor primero, el que se lleva para siempre mi primer asombro, mi primer deseo, mis primeros pasos junto a un noble y fuerte compañero.

SteveWalker

Gracias por quedarte con mis gatos y cuidarlos, recuerda que me has sido tan necesario como para ellos la luna.

Te dejo el olor de mis libros, el frío ancestral de mis pies y mis rodillas. Mi hambre de un trago de leche. Mis bailecitos locos.

x

Adiós, Brav. Que la paz sea siempre con nosotros.

SteveWalker2

Le dernière vals

Cuando todo acabe
y el silencio hable
sólo tus pupilas sabrán que fue verdad.
Y entre los cristales
pedacitos de ésa tarde,
donde comenzamos a soñar.
La felicidad es un maquillaje
de sonrisa amable
desde que no estás
Siempre serás
bienvenido a este lugar,
a mi lista de obsesiones
que no vas a olvidar.
Cómo recordarte, sin mirar atrás…
Yo nunca olvidaré el último vals.