ROLLITOS DE SALMÓN PARA LA PRIMERA TARDE JUNTOS:

 

  1. Rebanaditas delgadas de salmón ahumado, bolsita al vacío de 120 grs.
  2. Aceitunas (negras o verdes)
  3. Alcaparras
  4. Queso parmesano
  5. Nueces
  6. Hojitas de albahaca (unas diez a doce)
  7. Unas gotitas de aceite de oliva
  8. Pimienta negra
  9. Galletas habaneras
  10. Mantequilla

Proporciones:
Calcular una aceituna y media, tres a cinco alcaparras y media nuez por cada rebanada de salmón.

Se pican finamente, cada una por separado, y con cuidado de no deshacerlas, las alcaparras, las aceitunas y las nueces.
Aparte, en un mortero, se muelen las hojitas de albahaca usando unas gotitas de aceite de oliva para hacer una pasta suave.

Se incorporan con cuidado la pasta de albahaca, la nuez, alcaparras y aceitunas así como un poco de parmesano, para formar un picadillo que conserve su textura grumosa. NO pastosa. Se agrega una pizca de pimienta.

Se corta cada rebanadita de salmón del tamaño deseado para formar rollitos. Se pone picadillo en cada rebanadita y se enrolla.

Se untan las galletas habaneras con mantequilla. Se pone un rollito encima de cada galleta.

Se acompaña de vino blanco espumoso de Asti, helado. Alternativa no etílica: té negro helado con una rodajita de limón

Se pasan los siguientes 17 años juntos.

ALEC

EL ABRAZO

 

“Anda. Decídete. Ya verás cómo no es cuento, lo vas a sentir

La idea le parecía un tanto boba y le daba pena. En cuántas ocasiones previas, de manera absolutamente circunstancial y fortuita, había tenido un contacto vegetal cercano. Con la hierba, con algún tronco tomado de respaldo o almohada improvisada, con tantos arbustos.

Su historia con los seres de aquéllos reinos de sangre savia no había sido particularmente distinta del resto de la gente que conocía. Le gustaban igualmente, era todo.

Y ahora él le salía con esto. Con la buena voluntad de moverle los ritmos cardiacos a sintonías más vitales. Que le aligeraran ciertas opresiones que días de malquerencia y dolores viejos habían ido causando, cayendo despacio sobre el suelo de semanas y años como las hojas condenadas a una muerte multicolor en un último estertor cálido y alegre.

De entre las personas que su hermano y él conocían, nadie habitaba como él en la realidad alterna del cosmos de la nostalgia, donde los vientos se llamaban suspiros aunque formaran huracanes. Ni siquiera el otro, en todo lo demás gemelo idéntico, su palíndromo fraterno.

Y es que con todo y tanta vida cronometrada sobre el mundo, sólo una vez había descendido al tártaro de lava hecha de lágrimas de piedra, el dolor de vértigo causado por el desamor, catástrofe de su fe en la permanencia joven del cariño.

Suspiró moviendo la mirada de su hermano hacia el árbol. Recordó que siempre le había gustado perderse en la contemplación de los surcos de los troncos, como alternancias de veredas y murallas en un laberinto que parecía inacabable, de locura. Y luego estaban las ramas, fascinantes ramas. Formas que desde muy chico había dibujado desde la copia concreta hasta la abstracción y que prometían un paraíso de delirio matemático y onírico. Las hojas, por otra parte, le causaban en comparación un agrado menor, sólo exceptuando a las criptógamas prehumanas.

Sintió el empujón suave de su hermano sobre su hombro. Y avanzó. En su camino al acercarse vio muchos árboles, pero lo atrajo uno más pequeño. Medía apenas un par de metros, de tronco paradójicamente muy robusto, grueso, de líneas hermosas casi paralelas y relativamente pocas ramas. Se dio cuenta de que la mirada de su hermano desde el principio se había fijado en ése y no en otro árbol.

De frente, él y el árbol parecían sólo dos formas de vida sin demasiadas diferencias para alguna improbable mirada alienígena e inteligente. Sólo dos sujetos emergentes sobre la superficie  de esa tierra. Y terminó con la distancia.

El abrazo se hizo más estrecho. Cerró los ojos como una cortina que lo separara de los estímulos diferentes del contacto con el árbol. Y de sus pensamientos y sentimientos, mezcla de agujas de hielo y aire ardiente. Fue escuchando sus latidos y cómo el aire en sus pulmones comenzaba a escapar en forma de sollozos. Al tiempo, era consciente de la piel rugosa del tronco imprimiéndose en su piel, tatuándole el testimonio de su encuentro.

 

Transcurrió el tiempo que debía transcurrir. Se separó con suavidad, pues sus ojos empañados distorsionaban la seguridad del paso y lo obligaban a mirar al suelo. Llegó a su hermano, sentado para entonces en la hierba mirándolo acercarse. Se echó a un lado y ambos reposaron sin decirse nada.

Al mismo tiempo, recostados, voltearon a mirarse. Su hermano elevó las cejas, él sonrió. Diálogos afónicos y suficientes:

- ¿Y?

- Bien

en sus códigos gestuales.

Se incorporaron, quitándose mutuamente algunas briznas. Su hermano se quedó con una, mascándola entre los dientes, mientras lo despeinaba, cariñoso. El volvió a sonreír. Ambos lo hicieron.

Antes de partir cayó sobre ellos un cambio en la realidad que percibían con todos y ningún sentido claramente definible. Sobre todo, dos sonidos simultáneos: el primero, del silencio, el otro, un rechinar inconfundible cantado por puertas, barriles, duelas, mástiles y techos desde el tiempo. Gemido lánguido y  final de una madera, incrustado en la memoria genética del hombre. Y rodeándolos, un aire súbitamente enrarecido y casi coagulante, mar de olores a tierras, hierbas aplastadas, polen irritante, frutos muertos, hojas secas, humedad silvestre y moho.

Voltearon hacia donde había desaparecido el único y último sonido.

Una imagen.

Todo desapareció al enfocar la imagen. Como la marca que queda de una desgracia causada por un rayo. Distorsionada. De líneas dolorosas. El árbol exhibía una mueca sin comparación a alguna humana, que lo recorría como un tórax abierto y al que le han arrancado el corazón palpitante en medio de la vida. Reproche, horror y tortura por el contacto humano que no había pedido. Alarido inaudible y ensordecedor a un tiempo.

Los hermanos sintieron su piel cubrirse de sudor helado e inconscientemente retrocedieron, como por instinto; observaron sus rostros llenos de sorpresa y susto en sus pupilas dilatadas, espejos de un pecado nuevo, insoportable. Porque en un instante de realidad suspendida, cargada de un espeso olor a hierba amarga, como el de la ruda, ambos reconocieron el significado de la horrenda marca dejada en la madera: el árbol permanecía mortal y eternamente derrotado.

 

 

ALEC

LAT: Vivir juntos separados

CAFÉ AU LAT

No fueron dos o tres días. Ni un par de semanas. Más de un mes, incluso.

Yo pensaba “no sé qué quiero, no sé a dónde quiero ir”. Cada  vez que se marchaba, surgía mi necesidad de él. Se trató de mi segunda relación. Durante la primera, la necesidad de la presencia de Brav llegó a desarrollar una relación de dependencia malsana. Esperar a que llegara en medio de la noche pegado a la ventana, preocupado. No, eso no es una manifestación de amor.

Y con Dash aquí estaba, confundido, pensando que quizá no lo amaba suficientemente. Que sólo deseaba su presencia para no sentir los dientes del silencio zarandeándome como un perro a su carnaza. No, no sé qué quiero, seguía pensando. Porque cuando estaba con él y se desprendían los días y las semanas, poco a poco iba yo notando mi cambio de humor, me tornaba taciturno, silencioso, que -lo sé bien- son algunas de las formas que adopta el maltrato.

Pasaron casi dos años. Vino la ruptura hace una semana. Dash hizo preguntas. Yo contesté, como en terapia, las ideas primogénitas conforme iban surgiendo. No deseo vivir contigo. No deseo vivir con nadie. Pero te quiero.

Y a mis oídos y mis sentimientos no sonaba contradictorio. Sonaba liberador y sorprendente. Fue como encontrar una cajita escondida hace años. Sabía de su existencia de manera brumosa, pero había olvidado su ubicación y el contenido.

¿Qué  es esto?

Salí con un amigo que me dijo entre mordidas de pizza y sonrisas jacarandosas: pues nada, lo que tú quieres es un LAT. Y escuché una breve disertación con pepperoni sobre el LAT. Living Apart Together, me explicaba. Vivir juntos separados. Gente que tiene un compromiso sentimental, al igual que una pareja, no como novios, más que eso,  pero que vive separada. Me contó de Woody Allen y de Tim Burton, famosos LATistas o LATinistas.

Y me quedé orbitando alrededor del tema. El LAT es un término nacido del ámbito heterosexual. Donde investigadores europeos notaron en los censos una aparente discrepancia: personas que reportaban tener una relación o pareja, en tanto vivir solos. Se pensó que predominaba en jóvenes, se sabe que existe en todas las edades.

Europa es un continente envejecido. Es de sobra conocido el fenómeno del vivir solo. Incluso a fuerza de tragedias como la de miles de mayores muertos en una oleada de calor que fue especialmente horrible en Francia.

Los mayores europeos tienen, relativamente, resueltos los medios de vida como para vivir solos como una decisión en la que intervienen muchísimos factores, pero que es más que evidente. Y esa gente sola, forma parejas separadas.

  • Por gusto
  • Por necesidad
  • Por indecisión

¿Y aquí, conmigo, clasemediero de edad igualmente en las tierras medias de mi tiempo?

La vida en cualquier país con crisis económica es suficiente razón para impulsar a muchos a compartir gastos, mucho más si es con alguien que se quiere. Pues no.

Por otra parte, está la cuestión gay. El clóset social, característico de estos países, es una fuerza aún no analizada, pero absolutamente sentida del fenómeno LAT en las comunidades gays latinoamericanas y otras en vías de desarrollo. Pero no es mi caso, pues viví 17 años con Brav con muchos bríos cada noche.

Y ahora la paz en medio de la noche está representada sólo por los sueños, universo boreal ilimitado donde vuelo desaforada y musicalmente… solo.

Si la naturaleza humana es gregaria, el LAT es, en cierto sentido, inhumana o antinatural. Antisocial. Como los amigos de Féisbuk a quienes nunca les conoces un suspiro o un parpadeo en vivo. Como los seguidores en Twitter que conmigo somos sólo pájaros en el alambre. Sin una circunstancia, sin una cotidianidad, sin un aroma o un sonido.

Pero el LAT podría ser también un rescoldo, un refugio, una última brasa de amor para muchas circunstancias, en contra del aislamiento, y no una manifestación de ello.

Esta noche camino al filo de la medianoche a la ventana de mi habitación. Recorro un poco las cortinas, separo mis plantas exhuberantes, me asomo al prado de abajo, a la oscuridad llena de sonidos que nunca escucharé. Abajo de mi cama suspira un gato. Mi aliento empaña un pedacito del cristal helado. Le dibujo un signo de interrogación. Estoy a oscuras.

LA FLOR DE LA MAÑANA

ALEC

CHURROS CON CHOCOLATE

geometria 03

-¿Sabes qué? Ya no vamos a venir aquí. Está carísimo. Qué se creen. Ahora viene puro gringo. Lo peor es que “El Moro” está igual o más caro.

-Qué tiene. Total, venimos cada Corpus y San Juan, manita.

-Pues tú invitas, por esporádica y solventa. Ándale. Yo quiero un francés con 6 churritos.

La Cuya Macoy y su comadre, instaladísimas a las 3 de la mañana en una de las fondas más tradicionales de la ciudad. No por la hora menos concurrida que si fuera el mediodía. Aunque ellas eran algo estrambóticas en su apariencia, tampoco llamaban especialmente la atención de los parroquianos, donde había lo mismo cámaras fotográficas con su japonés correspondiente atrás de la lente, mariachis de pies hinchados, gringos siempre perplejos o ebrios de tequila, piquetes de putas de Garibaldi, parranderetes de clase media y clase y media de parranderetes.

La Cuya Macoy llegó de veintitantos al país. Cuando toleraba el sol y salía, era un muchacho de físico hermoso, masculino y étnicamente indefinible. Estatura media, cabeza redonda, con la piel de  la cara azulada por la barba cerrada, siempre rasurada al ras, cuello ligeramente robusto, hombros anchos y cintura breve. Muslos y gemelos de bailarín o atleta.

Tacones

Vino con una improbable compañía de vodevil italiano. Fue la bataclana que encabezaba alegrísimos bailes con el nombre de La Matozza. Por supuesto, el eje de la atracción no eran ni la coreografía salvaje, ni los cantos de cisne post mortem, sino el hecho de que debajo de los olanes de las faldas todas tenían bolas y pito.

En aquéllas eras, su arribo había sacudido el mundo sin sol de la vida subterránea citadina. Enorme tiempo y empeño mariconil habría de transcurrir antes de que las dragas fueran fauna conocida y casi tradicional de apacibles submundos “gay”. Ah, no. A ella le tocó el tiempo heroico. Bailoteaban danzas mezcladas de aires apaches con tarantela y, por supuesto, cancán. Su público eufórico era un cóctel igualmente sui géneris de estudiantes pobres, politicazos corruptos, militares condecorados de la Madre Revolución, artistas en ciernes y encumbrados, putas en descanso y trabajando, inmigrantes provincianos, pero ante todo mucho, pero mucho macho.

Entre el alcohol y la atmósfera permisiva y cómplice, la norma era que aquéllos heteros metían manos voraces entre los muslos de las falsas damas. Desahogos de fantasías y realidades mariconas mucho tiempo reprimidas. Pero para ellas no todo eran risas. Había infinidad de fronteras sutiles que marcaban tolerancias y peligros. Generalmente debían navegar con bandera eternamente amnésica. Fingir no reconocer a ninguno de los habituales manoseadores y concurrentes. Pero saber ser accesibles. Por supuesto, fueron muchas, muchísimas las funciones que para ellas terminaban en alegres apareamientos con su respetable público, y que les granjearon varias veces favores y protección.

Okun celeste

Bueno, pues a lo largo de su larga trayectoria, había pasado de pionera bataclana travesti, a activista cuando, en medio de una gresca estudiantil, quedó atrapada entre la policía y los huelguistas. Iba con otras tres locas y fueron a parar detenidas, moreteadas y absolutamente desgreñadas, a los infames separos policiacos, donde constituyeron no sólo la atracción y foco de las burlas, sino también de agresión por parte de cualquiera de los bandos. Pero la Cuya Macoy (decía ella) “tenía lo puto en el culo, no en las manos”. Les partió el hocico a dos o tres camaradas estudiantes. Nada más salir, la prensa amarillista estaba presta. Y la Cuya Macoy con su vestido roto, se levantó tronante con declaraciones sublimes y encabronadas. En el naciente destape mexicano, las maldiciones y exabruptos (post resaca, post coital y post golpiza) de la Cuya, la catapultaron a la palestra política. Gracias a que fue, junto con otras valientes argüenderas, el blanco de críticas y ataques, fue cuajando un “movimiento” que culminó (maricas teníamos que ser) en una salida social jotísima del clóset, la primera, segunda y vigésima marcha del Orgullo Gay.

En los últimos tiempos, ya sin cólera, se estaba dedicando a revolotear por un Centro de Estudios sobre las Sexualidades. Propias y ajenas.

Y así la agarró el chocolate con churros. Allí llegué buscando unas pringas o bocados  que me quitaran de golpe la hipoglucemia de muchas horas de estar solo. Se me quedaron viendo sonrientes. Porque llegué con mi pijama debajo de mis jeans y un suéter eterno de rombitos, como de los años 50. Mis cabellos hirsutamente revueltos no lograban esconderse bajo el gorrito boliviano o peruano con orejeras. Me hicieron “ven” con la cabeza, y ahí voy.

-Hola Cuya.

No se sorprendió, lo conocía más gente de la que podía ponerse a pensar. Últimamente por las campañas para promover el uso de condones a destajo, con una fotito del Santo Papa.

-Oye, pero qué mafufo te ves, nene. Cuéntame por qué andas en pijama en mi presencia. ¡Ja, ja, ja, ja!

-Está calientita, me ahorra tiempo no quitármela y siempre he sido muy wevón.

Los años le habían dejado nada más que glorias. Erguido, derecho, la piel sin arrugas con excepción de los ángulos de los ojos donde las “patas de gallo” no paraban de reírse. Manotas, brazos elásticos. Canas elegantes. Estaba muy guapo la cabrona.

-¿Y ustedes, qué andan haciendo, además de llenar el tanque?

-Pues nos dieron las madrugadas en el Internet del Ángel, ¿tú crees?

Dijo la comadre de la Cuya.

-Es que ésta loca ahora es investigadora y no sabes. Me dan ganas de conectarle las meninges a la inalámbrica. Que se pasa hoooras pegada. Y como está en pleno aprendizaje cibernético la muyirts, pues ahí estoy yo, su secre la señorita Boba Licona, en chinga enseñándole. ¡Jo, jo, jo!

La comadre en cuestión tendría unos veintiúltimos a treinta y primeros años, con un aire de nerd muy bonito, que contradecía su desparpajo. Igual que la Cuya, iba como disfrazado. Traía un pantalón deslavado, verde y pegado. Unas medias botas negras. Camisa blanca con pechera y un saco de pana gris. El pelo súper negro y despeinado sobre la cara, tapándole un ojo. Sombras en los ojos, lentes. La Cuya iba retro. Parecía un profesor universitario de los 70. Pantalón y saco de pana cafés, zapatos de ante café. El saco con coderas y un suéter de cuello alto que le daba un aire existencialista.

-¿Y qué investigas?

-Pues todo, nene. Pero ahorita estoy haciendo un álbum mágico-antropológico-homosexual.

-Enséñale, Cuya. Para que veas cómo no son ideas mías. Si nada más le das vuelta a las cosas. La putería es la putería.

-¡N’hombre! ¡Me roba la idea y no tengo copi-rái, babotsa! ¡Ja, ja, ja! -replicó la Cuya.

Yo comenzaba a masticar con gula un pambazo rojo y gordo, crujiente y bien relleno de papa con chorizo, adobado con crema, lechuga y queso. Le digo “ándale, para pasar el rato, ya te dije que soy wevoncísimo. No te robaría nada, sólo por la flojera de hacerlo”

Tacones altos

-Hummm. ¿Cómo te llamas, nene?

“Alex”, le digo.

-Bueno, pues hace poco que estoy tratando de hacer una taxonomía de los ligues en la red, ya sabrás, sólo chavos. Ahorita estoy en la etapa de la captura de la información. Mi hipótesis es que nosotros ligamos en la red de manera distinta a los bugas y análogamente diferente a como ligamos en vivo versus ellos. En la forma y el contenido. ¿Qué tal?

-¡Ja, ja, ja, jaaa!- se carcajeó Chibigón, la comadre- ¡nocierto! La Cuya acaba de descubrir las páginas de ligues, y se la pasa leyendo perfiles hasta que los párpados ya no le bajan de tan secos, pega gritos y hay que ponerle gotas para que le vuelvan a bajar.

“¿Y qué con eso?” le pregunté al Chibigón.

-Pues que sí metió un proyecto de 4 cuartillas al Centro y le están dando un chequecito cada mes para que esté al día en la putería. ¡Esta sí es súper chingona!

-Humm. Bueno, y qué has encontrado, descubierto o no visto, Cuyis (yo, después del pambacito, estaba confianzudo, faltaba más).

-Te voy a enseñar. Traigo unos perfilitos que bajé. Todavía no los clasifico. Pero deben formar algún patrón para mi taxonomía. Se aceptan comentarios.

Sacó unas hojas de varias calidades y con varios tipos de letras que, supuse, también vendrían de varios tipos de impresoras.

-Amos a ver. Aquí están unos que definitivamente están para una teoría de la erotolingüística basada en la descomposición del idioma. Mi teoría es que los receptores cerebrales de los centros ortográficos se saturan de testosterona y la persona es incapaz de redactar si no es por pulsos análogos a micro orgasmos, jodiendo al idioma.

La Cuya comenzó a leer en voz alta los párrafos subrayados de los perfiles, enfatizando la pronunciación de las palabras con falta de acentos. Algunos de sus comentarios van entre paréntesis, suprimí las carcajadas de la Cuya y el Chibigón.

  • Estoy habierto a todo (¿hasta a regresar a la primaria?)
  • Por favor gorditos y obios los respeto pero no van con migo (pues no, claro, migo no es su amigo, obiamente)
  • Mejor conoceme si te atrevez…
  • Busco conocer perosnas agradables con quien tener una buena sesición de sexo (primero es la sesición donde se convierte a la gente en perosna. Luego viene el sexo)
  • Que honda. No me gusta la gente obvias (lo único obvio aquí es lo jondo que jondas y olé)
  • Abstenganse gorditos y afeminados (y, por supuesto, abstengánse también los acentos)
  • En busca de lo que surga (con que surguiera una jota ya sería ganancia, reina)
  • …sentir el rose de cuerpos (¡gulp!)
  • Busco chavos baroniles no ovbios para sexo. Yamame (baroniles, marquesiles  y yo también, ya-mamé)
  • Me caga que me cagen (pues como vas, va para larga la cajada)
  • Profecionista limpio y educado, repondo a todos menos mala ona. (Aquí la Cuya sólo se puso morada)
  • Me gusta mucho chupar los pesones (si los pesones son los grandes pesos, ha de ser de signo libra, además de teta caída)
  • En busca de un chico para rol sumio. (Es como el rol sumo de los japoneses, pero en vez de luchar, se deja pegar)
  • Mi mayor defeto es ablar direto y ser mur tierno… (no, papito, tu mayor defeto es haber pasado la escuela de noche)
  • Soy un chico muy alivando (…) sólo jente sin royos no mensoso y problematicos (¡Ay, no puedo más! yo necesito uno alviando-me el dolor de la risa)
  • Quiero un hombre de verdada. Ofresco pasar un rato chidoy. También vendo una yegua azteca (¡gaaasp!)
  • Buen cuerpo, internalgon sexo a tope. (Así como los internacionales, ahora los internalgones)

-¡Qué mala leche, Cuya! –le dije con cachetes de hámster- no me parece que burlarte de cómo escriben en los perfiles tenga ni algo de original ni muy digno que digamos. Se me hace devaluador y presuntuoso. Y que cobres, peor. Chomp, chomp (masticando mi pambazo).

Se le terminó la risa en seco. Abrió mucho los ojos. Luego comenzó una ronda de tos sorprendida.

Internet

-¡Pero qué cabroncete! –dijo el Chibigón- ¡no mames!

-No, Chibis. Tiene razón el Alex. Yo misma ando jodiendo con rollos por la jodida discriminación. Bueno, mira. Tómalo como uno de mis ratos malos. Una diversión de mi lado oscuro, ¿ok?

-Entonces ¿no hay investigación para nada? –le pregunté, más chomp, chomp.

-Sí, sí hay. Tengo muchos perfiles en los que primero me llama la atención el nick, el sobrenombre. Según uno de los chavos del Centro, sicólogo, dice mucho de la persona que está atrás de él y sobre la fantasía que tiene de sí mismo. Hay muchos muy bonitos:

 

 

 

  

 

 

  • soloymisoledad
  • chicofeo
  • lobitopolux
  • dragolibro
  • trucutu
  • sinparaiso
  • tremoris
  • hijomalo

que contrastan con los más o menos típicos y esperables en ésas páginas como: crazysex, mamador84, superpolla, pitoloco, supersperm, etcétera.

-Sigue –lo animé interesado.

-Pues luego ya viene el contenido del perfil. Y en el Centro me van a ayudar a analizar qué hay de interesante con cada componente. Y si hay o se puede hacer una teoría sociológica de los perfiles y los sobrenombres en la comunidad gay.

-Pues eso sí se oye mucho más coherente e interesante. ¿Y cómo qué perfiles sí estarían tomando en serio? –le pregunté.

-¡Uy! No tienes idea, nene. Sólo te voy a compartir uno, como ejemplo. Es una joya. En serio. Ojalá que pueda publicarlo sin enfurecer al que lo hizo, ya sabes por derechos de autor, ¿no? Mira:

MI ARMA MASCULINA BUSCA FUNDA !!!

Monto como un Jinete

afanosas y redondas Nalgas

incrustando cual águila hambrienta

mi clavo que lentamente se hunde

cavando el surco prometido

y rompiendo al ras tu horizonte …

 

A galope triunfal mi tronco se columpia

en el dulce fondo que lo ciñe sin decoro

y mece su forma orgulloso …

 

Susurrando se mueve la ceñida palma

entre tus mollas que se estremecen agitadas

embriagadas por dura carne …

 

El peregrino cruza tu mar a oleadas

hasta que brota un río austero

que en tu profundidad se esfuma

en blanca y fulgurante nota

quemando el incienso de tu pecho

mientras tus reclamos llegan hasta el cielo

en amorosas y placenteras quejas

 

-¡Hijo de la madre! –dije en voz muy alta y absolutamente anonadado.

-Calidades literarias aparte, es toda una sorpresa de inventiva, que alguien se divierta tan de lo lindo en un sitio donde habitualmente los mensajes son telegráficos. No se aparta del objetivo del sexo, pero es absolutamente lúdico para los que sepan valorarlo y, quizás, adivinar que, si así es el caminito, ¡pues cómo será el pueblito! ¡Ja, ja, ja, ja! –dijo la Cuya.

Después de eso, la cháchara fue derivando a otras cosas, yo todavía me receté un café con leche como corolario a los pambazos. Salimos los tres a las calles empedradas de ésa zona del Centro Histórico. Había llovido. Mi pijama estaba simplemente deliciosa. Caminamos hasta el Eje Central (que yo conocí como San Juan de Letrán), donde yo me separé hacia la Gaticueva.

Días más tarde, recordé el encuentro cuando navegaba por la página de marras. Me puse entonces a pensar qué me gustaría pescar a mí de los perfiles.

Vi muchos que cumplirían, creo, con los criterios de selección de la Cuya Macoy. Pero, a diferencia de aquél que me compartió, yo me quedé con una gran sonrisa cuando me encontré éstos, breves, traviesos, inteligentes:

  • I too can command the wind, sir!
  • Come to the dark side…. We have cookies in here!!!!
  • “Ninguna eternidad como la mia”

 

Y ya. ¿La teoría? No creo que exista alguna. Sólo anzuelos con carnadas de historia, para pescar otras historias…

 

 Christopher Reynolds5

ALEC

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